Por un tiempo, antes de entender el impacto de la inteligencia artificial en nuestro medio ambiente, ecosistemas y sociedad, fui culpable de utilizarla sin necesidad. Pero hoy en día me pregunto si en verdad hay necesidad. La IA no nos facilita la vida, al contrario—está acabando con el sentido común, con la curiosidad, creatividad, intuición y con la habilidad de ser humanos. Lo percibo diariamente en conversaciones con amigos o compañeros del trabajo: “Deja le pregunto al chat GPT”, a lo que respondo: “¿Sabes qué? Tu mejor suposición me basta”, pues nadie se va a morir si no tenemos la respuesta correcta, pero sí si la confirmamos con IA. Esos centros de datos causan contaminación acústica severa dañando la salud de animales, desde problemas de audición hasta desorientación y muerte.
«Pero si esos centros ya existían gracias a otros servicios como Netflix, iCloud, etc…», ah, entonces, ¿tu solución al problema de este exceso es aumentar la cantidad de centros para normalizar el contenido plagiado a costa de recursos naturales?
La IA definitivamente puede acabar con este planeta, pero no es momento para perder la esperanza, pues aunque nuestra resistencia individual no se compare al impacto de grandes corporaciones, sigue valiendo mucho, pues significa que seguimos aferrados a nuestra humanidad, sin importar la presión del capitalismo, nuestras empresas y comunidades que han bebido el kool-aid.
Antes de hacerle una pregunta al chat GPT, pregúntate a ti mismo, muchas veces la respuesta ya está dentro de ti. Pregúntale a una amiga, o colega, llámale a tu mamá o a una tía, espérate hasta tu próxima sesión y pregúntale a tu terapeuta. Nunca pensé que hasta sugeriría que vayas a confesarte para que le preguntes al padre mejor antes de que le preguntes a la IA 🤖, pero recientemente me he dado cuenta que hay kool-aid’s peores que la religión organizada.
Aquí te dejo algunas fotografías que he tomado los últimos meses de creaciones humanas que me llamaron la atención:











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