Soy muy afortunada por tener empleo, punto; pero también me siento mucho más consentida por el universo pues mi trabajo me permite tomarme el día con paga cuando no me siento bien, y no es de que tenga que andar muriéndome o proveer comprobantes y notas médicas; es simple y sencillamente levantarme con mi regla, unos cólicos del inframundo, ganas de nada menos llorar, y decir, «¿sabes qué? ni madres, not today.» Como mujeres, siempre llevamos esa expectativa social en la mente de que el mundo no para solamente porque andamos en nuestros días. Pero, ¿qué pasa y si sí? Nada, absolutamente nada pasa, te garantizo que mi trabajo estará ahí mañana, intacto, esperándome sin ansias.

Soy una mujer con más de una década de experiencia profesional, empecé a trabajar de tiempo completo (40 horas a la semana o más) en la universidad, tengo dos títulos, soy bilingüe, buena para lo que hago (he trabajado en y administrado más de cien proyectos y clientes comerciales en mi relativamente corta carrera sin muchas quejas), y si a mis 30 años de edad no puedo tomarme el día cuando se me dé la gana entonces tendría que re-evaluar mi vida (ósea, serían chingaderas pues).
Siempre le digo a mi esposo que algún día me retiraré del diseño y escribiré de tiempo completo. Escribiré mi libro y trabajaré en todos esos proyectos creativos que empecé hace décadas pero que nunca he priorizado por falta de tiempo. Hoy es como si me estuvieran pagando por escribir, y me gusta ese sentimiento. Me encuentro afuera en nuestra terraza tomándome una taza de café, escuchando a los pajaritos y escribiendo estas líneas, y es como vivir un sueño. Y lo cierto es que me encuentro feliz de no haber escrito mi libro aún, pues hace un par de semanas comencé a leer «Communion» por bell hooks (junto con «Appalachian Elegy»), y sería inaceptable para mí ser otra mujer blanca más publicando mi voz en feminismo e introspección, cuando ni he comenzado a explorar la superficie en dichos temas.
Y hablando de continuar con esta introspección y educación en feminismo y salud mental, hoy también inicio terapia de nuevo. Estaría en terapia constantemente si no fuera por limitaciones financieras, porque siento que la terapia me ayuda tanto cuando me encuentro bien y estable la mayoría del tiempo así como cuando me está llevando la fregada. Siempre dije que volvería a terapia cuando pudiera incorporarla en mi presupuesto, y pues agradecidamente aquí estoy, y la verdad es que este ha sido un muy buen año dentro de lo que cabe.
Este ha sido uno de los veranos más físicamente activos de mi vida, al igual que uno de los más creativamente bloqueados. La creatividad aplica a todo en mi vida–mis relaciones, mi trabajo, mis pasatiempos…cuando me encuentro en medio bloqueo creativo, disfruto todo a medias. Aún así, he intentado salir de mi concha, explorar nuevos lugares en este estado en el que ya llevo cuatro años y sigue sintiéndose como nuevo, conocer gente, vivir en el momento pero tomar miles de fotos, hacer lo que me gusta y trae felicidad y empujarme hacer al menos una cosa que me haga feliz todos los días, así y me encuentre en medio bajón. Todo ayuda y me hace sentir bien, pero, ¿por qué siento que ya no puedo escribir ni dibujar? Se ha convertido tan difícil expresar artísticamente la compleja belleza que ha sido este verano, y aun así, mi diario continua siendo penetrado por mi tinta y mediocridad todas las semanas; es solo que no quiero publicar absolutamente nada de eso (para eso son los diarios, ¿no?). Deber haber muchas personas que perciban mi blog como su nivel máximo de vulnerabilidad, y seguramente sus diarios se parezcan a los blogs de muchos–totalmente respetable, pero mi diario es siete mil veces más caótico que esto (créanlo o no, como el chile, son mis pensamientos organizados).
Pero si alguien me pregunta como se ha sentido este verano, creo que la mejor palabra para describirlo sería «graduación». Mi cuarto verano en Minnesota se ha sentido como graduarme de un programa de supervivencia, pues por fin se siente como mi hogar, pues por fin puedo nombrar mis parques favoritos, mis actividades preferidas, tengo un buen dentista, estilista, spa para las uñas y lugar favorito de comida india y china = definición de «hogar» si lo buscas en el diccionario. Curiosamente, hace un año publiqué esta entrada: https://comoelchileblog.com/2025/08/24/summer-depression/
Creo que la mentira que he sostenido por muchos años es que efectivamente: odio los veranos (voy captando que en el artículo que menciono arriba me equivoqué en la introducción, por eso mismo no he comenzado a escribir mi libro–nunca me pidan leer algo dos veces jeje). Minnesota ha restaurado mi fé en los veranos, porque sinceramente me encantan los veranos aquí (todo menos los insectos). Quiero pasar cada tarde en granjas con las llamas, alpacas y ovejas, bajo el sol tomándome una cerveza, en un parque devorando un ahi tuna poke bowl y un cono de nieve después, salir del trabajo a medio día, almorzar en algún bar local e irme en búsqueda de algo vintage y fabuloso sin tener que checar el reloj. Permitirle al sol que recargue mi vida y mis sueños, y a la lluvia que me deje limpia de dolor e hidrate mis ganas de despertar más viva que nunca mañana.

En fin, escribí esto hace unos días en mi caótico diario , y con esto te dejo hoy:
"Momentos sagrados"
Escribir en tu diario en la obscuridad con los últimos dos episodios de tu rewatch anual de Gossip Girl como iluminación, y una tormenta acercándose como si supiera que hoy es tu día de descanso.
Respirar naturaleza en su forma más dramática así como en sus momentos más radiantes es una oportunidad que no se le da a cualquiera. Relámpagos, lluvia, sol, neblina, nieve--MN me ha dado la oportunidad de experimentarlo todo.
Cada mañana de domingo en mi hogar es un momento sagrado.
Ducharse a oscuras, una vela y una bebida de tu elección es uno de esos momentos sagrados necesarios para hacer reset.
Una llamada de 90 minutos con tu hermanita o amiga para intercambiar perspectivas, historias y chismes.
Una taza de café con mis gatijos encima, y un beso de buenos días del amor de mi vida.


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