He tenido problemas de autoestima casi toda mi vida, pero algo que me ha ayudado recientemente (y me refiero a este último año) es procesar la diferencia entre conformarme conmigo misma y quererme a mí misma. Creo que para sobrevivir todos esos años en los que no me sentía cómoda en mi cuerpo, aprendí a aceptarme a medias y simplemente vivir con la idea de que nunca me voy a sentir atractiva frente una cámara, en los ojos de la sociedad, ni mucho menos en los míos. Y aunque sigo pensando que la belleza física no lo es todo en esta vida, no puedo decir que esa era la mejor versión de mí, pues esa versión decía estar contenta consigo misma pero decidía matarme de hambre antes de una boda para caber en un vestido que me regalaron cuando estaba en la secundaria, y me llenaba la cabeza de inseguridades que me desmotivaban hasta el punto de no querer ir o no pasármela bien. «Arreglarme» era una ardua tarea, y se me notaba en mi falta de estilo, en mi sonrisa y postura (la cual sigo teniendo que corregir).

Recientemente comencé a entender la ciencia detrás de no solo conformarme conmigo misma sino quererme e idolatrarme como lo hacen mis amigas y mi esposo <3. Coincidencialmente, nunca había pesado tanto (y la verdad es que ni me peso, pero mi nuevo doctor no leyó mis notas este último chequeo), y otra cosa que he notado es como disfruto cualquier actividad física (o cualquier actividad) mucho más que antes cuando solo hacía ejercicio para perder peso, o cuando solo me alistaba «para no verme tan fea». Desafortunadamente, esta sociedad nos inserta un montón de estupideces en la cabeza que nublan ideas más sanas, como…
Experimentar con diferentes estilos de vestido, colores y patrones sin miedo a que ciertas combinaciones te hagan ver más ancha. Mantener una mente abierta me ha ayudado a encontrar las siluetas y cortes más favorecedores para mi cuerpo, y aunque en ocasiones esto significa tomar riesgos (pues la ley de la vida es que nunca podemos controlar tomas desde los peores ángulos, pero son esos ángulos los que confirman si el atuendo es para ti o no), te garantizo que esos riesgos no solo valen la pena, sino que ni son riesgos pues como luces en las fotos es opacado por las memorias.

Comer lo que se te antoja aunque no sea la opción más saludable del menú es mejor que pedir algo más saludable y pretender que dos bocados fueron suficiente sustancia. Y comer lo mismo todos los días puede enloquecer a cualquiera. Todos los días son diferentes; escuchar a tu cuerpo es clave.

La ropa debe ajustarse a ti, si no te queda, no te queda. Asimismo, hay un millón de razones por las cuales nos encontramos en atuendos que no son nuestra talla actual–comenzando con razones económicas, así que independientemente de cómo luzcamos, no le debemos explicación a nadie.

Lo cierto es que, cuando me veo feliz, me veo mejor. Y no creo que sea porque le echo más ganas a mi apariencia cuando me siento realmente feliz, sino que la felicidad auténtica literalmente ilumina nuestros rostros y nos ayuda a pensar con más claridad hasta al escoger lo que nos vamos a poner en la mañana. Veo ese contraste en esa foto del 2019 y en fotos más recientes, lo veo en mis amigas cuando les tomo fotos desprevenidas, lo veo en cada albercada, en la playa y en la cima de alguna montaña, en esos momentos cuando no sabes si es la sal en tus ojos o una vista extraordinaria que te han deslumbrado, y cuando todo lo que importa es pasársela bien.
Así que si me preguntas cuál es la mejor forma de ganar esa confianza, espero no me odies cuando cursimente te confirme que todo empieza dentro de ti <3.

Deja un comentario