Esto, escribir, siempre me ha ayudado a re-alinearme después de un día difícil en el trabajo, en la vida, o cuando necesito procesar emociones, o ha estado ahí simplemente como recordatorio de que todo puede terminar en un cuaderno, y así como en mis momentos más creativos puede traerme satisfacción, la escritura asimismo puede brindarme paz en mis momentos más obscuros, pues me obliga a tomarme un momento para priorizar e ignorar al mundo por un segundo. Perderme en la escritura y en un buen libro me recuerda que nada es tan serio como te lo venden–las urgencias y expectativas de otros normalmente vienen de algo que no tiene nada que ver contigo.
También me gusta enfocarme en la naturaleza a mi alrededor. Especialmente en épocas como la primavera cuando todo empieza a brotar, a tomar color y textura, y el contraste entre el renacimiento y las ramas desnudas es la forma más poética de demostrarnos cómo la naturaleza se toma su tiempo. Me encantan estas transiciones y observar como ni una o un millón de predicciones humanas ni el fuego con el que muchos anticipan el verano puede dictar su ritmo. Me saca de quicio cuando nieva en mayo pero amo a esa diva que es nuestra Madre Naturaleza.


Deja un comentario