Lo que esta sociedad considera digno de vergüenza me ha sorprendido desde hace muchos años; esto viniendo de alguien que ha sido “cringeworthy” desde que tiene memoria; memorias de mi familia y amigos recordándome lo cringey que puedo ser: “No te vistas así”, “Píntate más”, “No te rías tan fuerte”, “Baja la voz”, “No tienes que dar tu opinión en todo”, “No escribas poesía, ya eres adulta, qué vergüenza”, casi suena tan anticuado como “¿Qué va a pensar la gente?”, y siempre reacciono de la misma manera: con una buena carcajada. Porque en serio me mata de la risa que tantas personas puedan caminar con un palo metido en el culo, hasta me impresiona.
No estoy aquí para decirte que tan auténticamente debes vivir tu vida, pero quizás te puedo ahorrar energía al advertirte que yo ya decidí que sí voy a vivir la mía, de la manera más cringey 😬 posible. Lo sé, ¡qué desgracia! Es lo que pasa cuando te critican por vestirte:
como monja o prostituta,
dependiendo de cuánto escote o cobertura,
o de lo que quieran de ti;
cuando te critican porque tu voz
es muy baja o demasiado alta,
¿qué más chingadas da?
La incomodidad que mi libre albedrío llegue a causar,
no es mi problema,
es mi poder.
Soy yo, tu peor pesadilla,
Y tu constante fantasía
De libertad, de identidad
De un reencuentro contigo misma.
Fantasías de control y poder
Sobre la tierra y los hombres
Y la pluma contra el papel
Pues solo vives una vez,
Y cuando el viento baile
Con tu polvo y tus memorias,
¿Qué historias tendrás para él?
Y a ti, ¿también te fuiste fiel?
Y a ti, ¿también te supiste querer,
Crudamente, incómodamente,
Entregada e incondicionalmente
Y contigo misma siempre en la mente,
como debe ser?
La rebelión empieza con lo que nos hace únicos, y no hay que confundir el aceptarnos tal y como somos con la falta de crecimiento como personas, pues nuestra evolución no es solo indispensable sino también inevitable. Estaba pensando esta mañana en cómo encontrar balance y distinción entre la conformidad con la mediocridad y el amor propio, especialmente después de una niñez en la que, en ocasiones, la violencia física y mental nublan esa distinción entre lo correcto e incorrecto. Por eso a veces me pregunto si soy demasiado dura conmigo misma, o lo suficiente; si necesito empujarme más, o quizás permitirme descansar cada oportunidad después de años de supervivencia. Y luego cesé con tanta introspección, y terminé mi taza de café antes de que se enfriara, pues no todo en esta vida requiere de una calificación; no todo cabe dentro de lo correcto o incorrecto. A veces, la categoría es “humana”, es una escala de grises, un amanecer, una gota de lluvia en tu frente, una mirada de quién más amas, esos momentos que hacen que el tiempo pare, y que te hacen ver que hay mucho en esta vida que no se clasifica, y que simplemente, te hace a ti <3.
Es cringey no ser cringey, porque estoy convencida de que si nunca has sido la causa de miradas de desaprobación es porque nunca has vivido ni desafiado al sistema, un sistema que se especializa en encontrar maneras de controlar nuestras mentes y en sembrar cada posible inseguridad en las mujeres.
Pero entre la suavidad de la nieve derritiéndose ante los cálidos y brillantes rayos de sol que trae marzo, me encuentro respirando un aire diferente, quizás no nuevo pero renacido de ese mismo fuego que nos da dichas oportunidades para cuestionar tan fuertemente como el sol o discretamente como la silenciosa nieve–ambos modos son necesarios para el ciclo de la vida y balance saludable en nuestra sociedad; aunque sea solo una utopía, es refrescante escuchar una carcajada honesta de vez en cuando.


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